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Abuso espiritual e infancia, realidad dolorosa

El abuso del niño, en general implica un acto de fuerza de alguien con más poder que él. Ese suele ser el caso del maltrato espiritual.

Con la reciente entrada en vigor de la nueva legislación estatal en materia de Protección a la Infancia y Adolescencia (Ley Orgánica 8/2015, de 22 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia y Ley 26/2015, de 28 de julio), toma renovada actualidad esta compleja y dolorosa cuestión. ALGUNAS FRASES para reflexionar: “Dios espera de mí que cumpla sus mandamientos y si no lo hago, me enviará al infierno” (Adolescente de 17 años criado en familia e iglesia evangélica) “El Dios de la Biblia mandaba matar a los que no le obedecían” (Adolescente de 15 años criado en familia e iglesia evangélica) “En los campamentos de niños de mi iglesia, los monitores acostumbraban a meternos la cabeza en el wáter y tirar de la cadena para castigarnos o bromear. El pastor era el primero en hacerlo.” (Joven criado en familia e iglesia evangélica) “¿Quién se ha creído que es Dios para imponer a las personas lo que hay que hacer y si no, te manda al infierno”? (Adolescente de 18 años criado en familia e iglesia evangélica) “Cada día de Escuela Dominical nos invitaban a convertirnos. No entendíamos porqué volvían a decirlo. Yo me convertí como 7 u 8 veces, pero me confundía que después siguieran invitándome a lo mismo. Sentía que no confiaban en mi fe de niña, que mi decisión no tenía valor para los adultos.” (Joven criada en familia e iglesia evangélica) “La verdad es que no necesito a Dios para nada en mi vida” (Adolescente de 18 años criado en familia e iglesia evangélica) “Los adolescentes que abandonan la iglesia en USA rondan el 50%” (G. Barna Research)
1. INTRODUCCIÓN
Los anteriores testimonios nos hablan de manera muy evidente de algo que no ha funcionado bien en esos contextos cristianos, sean familiares o eclesiales. Los que hablan, expresan experiencias o pensamientos que nos invitan a pensar en lo que les ha debido influir para sentirse o actuar así. Respecto a los conceptos de Infancia y de abuso, dos breves citas: “Se entiende por niño todo ser humano menor de 18 años de edad”. ONU Convención sobre los derechos del niño (1989), Artículo 1 “El abuso al niño consiste en cualquier cosa que individuos, instituciones o procesos hacen o permiten hacer y que directa o indirectamente afecta a los niños o daña su perspectiva de desarrollo seguro y sano hacia la edad adulta.” Informe de la Comisión Nacional Británica Investigadora sobre la prevención de Abuso y Negligencia sobre el Niño (1996) Jesús otorgó su máximo reconocimiento al valor de los niños, cuando eran un colectivo marginal en la sociedad judía (Mt. 18: 4 y 5; Mt 19:13-15; Mt. 21: 15 y 16). También habló de la necesidad de protegerlos (Mt. 18: 6-14). Solo por esto, sus seguidores deberíamos sentirnos aludidos y comprometidos contra toda forma de perjuicio o abuso físico, mental o espiritual, descuido o negligencia, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, hacia cualquier ser humano, pero muy especialmente hacia los niños por las consecuencias devastadoras que esas experiencias suponen para el resto de sus vidas, al producirse en una edad de desarrollo.
2. DEFINICIONES DEL ABUSO
Creo útil y necesario contextualizar el tema del Abuso a la Infancia en general antes de tratar su aspecto espiritual. Abuso infantil es un término usado generalmente para referirse a situaciones donde el niño experimenta un daño del que es responsable un adulto. Esto puede incluir acciones o “falta de acciones” (negligencia o desamparo). Podemos referirnos a cuatro categorías principales de abuso o maltrato: sexual, físico, emocional y espiritual.
a) Abuso sexual Alude a la manipulación sexual de un niño. Incluye la violación, el incesto, y todo tipo de actividad sexual que involucre niños, incluida la pornografía. El abuso sexual también se refiere a: · Forzar o tentar a un niño a practicar u observar actividades sexuales, sin importar si entiende o no lo que sucede. · Puede implicar contacto físico o actividades sin contacto, tales como incitarles a mirar material pornográfico, o animarlos a desarrollar comportamientos sexuales inadecuados.
b) Abuso físico El abuso físico es la agresión o lesión física provocada a un niño, o bien la falta de prevención del sufrimiento de un niño. El abuso físico incluye: · Golpear, sacudir, empujar, envenenar, quemar, ahogar, ahogar, o cualquier otra forma de causar daño físico a un niño. · No atender o prevenir situaciones que pueden perjudicar la integridad o salud del niño: negligencias en alimentación, higiene, descanso, salud, seguridad…
c) Abuso emocional El abuso emocional se refiere al efecto nocivo sobre el desarrollo emocional o temperamental de un niño causado por un trato severo, emocionalmente enfermo o el rechazo. El abuso emocional incluye: Conducir al niño, verbalmente o a través de la forma en que es tratado, a desvalorizarse o sentirse no amado, inadecuado o valorizado sólo en la medida que se beneficie otra persona (manipulación). La imposición de expectativas de desarrollo inadecuadas a la edad del niño. Provocar que el niño se sienta asustado o en peligro, usando el miedo como medio de control.
d) Abuso espiritual El abuso del niño, en general implica un acto de fuerza de alguien con más poder que el niño. Este también suele ser el caso del maltrato espiritual. En nuestro anhelo por ver a un niño convertirse en cristiano y transformar su fe, podemos utilizar nuestra posición como líderes para forzarlo y ser así víctima de abuso de su libertad. Jesús siempre dio a sus oyentes la libre opción respecto a cómo responder a su mensaje. Por otro lado, y de la misma manera que se puede maltratar a los adultos a través del control religioso para que hagan lo que otros quieren, en el ámbito cristiano existe todavía más riesgo de que esto se dé con los niños, pues si están en manos de personas manipuladoras, por sí mismos difícilmente se darán cuenta o podrán desarrollar mecanismos de defensa. Sirvan este párrafo para alertarnos sobre la necesidad de supervisión especial de las personas que ejercen influencia o enseñanza sobre los niños en nuestras iglesias.
El abuso espiritual incluye: Causar sensaciones de miedo o rechazo como consecuencia de no responder positivamente al evangelio. El uso de nuestra posición para hacer que el niño sienta que debe decir o hacer algo para ser aceptable a las personas cristianas o a Dios. Inculcar un sentimiento de culpa o decepción si no colaboran satisfactoriamente con nuestro programa espiritual. Involucrar al niño en actividades de enseñanza o experiencias cristianas excesiva o manipuladoramente emocionales para su edad. También lo contrario, ignorar o rechazar la dimensión emocional sana de la experiencia espiritual (intelectualización de la fe). En general, la privación de cualquiera de los aspectos necesarios para un desarrollo amplio y equilibrado de la espiritualidad infantil, incluida la necesidad de descubrir y experimentar. No respetar la libertad del niño para vivir o expresar su fe, desconsiderando sus preguntas y necesidad de explicaciones racionales. (Esto es requerido en los artículos 12-14 de la Convención sobre los derechos del Niño de las Naciones Unidas). Impedir al menor la posibilidad de acercarse directamente a Jesús, de crecer, expresar y experimentar su fe de manera tan amplia, original y creativa como Dios, en su diseño creacional, le ha permitido experiementar. Algunas observaciones de lo que puede ocurrir en nuestras iglesias: A pesar del cariño y la buena intención con el que se pretende tratar a los niños, en el nombre del Señor, en general: No suele haber conciencia de la posibilidad de maltrato a los niños, ni espiritual ni de ningún tipo. Por lo tanto no suele haber políticas ni medidas preventivas o de actuación. Ignorancia de los protocolos oficiales. Falta una perspectiva teológica y educativa del trato a la Infancia. Se les aplican tradiciones y modelos anacrónicos o descontextualizados, en lugar de una apuesta por el discipulado infantil y las relaciones de buen trato. Se desvincula la dimensión espiritual del resto (física, emocional, familiar, social), y como consecuencia, se reduce la vivencia espiritual a la práctica o participación en las actividades religiosas de la iglesia local, sin un crecimiento espiritual real y vivencial del menor en los demás ámbitos de su vida (la familia, la escuela, el tiempo libre…). Los padres suelen delegar la formación y atención espiritual en la iglesia, que habitualmente no saben cómo hacerlo. No se les motiva, ni forma, ni supervisa para ello. La iglesia asiente y colabora a menudo con los modelos tradicionales. Los niños no suelen formar parte de la congregación, a efectos prácticos, por lo que a menudo se les margina o ignora en el desarrollo de la vida normal de la iglesia, creando estructuras paralelas para ellos. Esta falta de integración abre la puerta a varios déficits en su experiencia eclesial que suelen pasar desapercibidos a los padres y líderes eclesiales, hasta que llega la adolescencia. ¿Cuáles son las líneas rojas que no deberían ser traspasada? Jesús dijo: “Todo lo que hagáis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”… La dignidad como ser humano pleno, sin ser la edad un argumento discriminador. El respeto a su libertad de decisión y al proceso de desarrollo infantil, distinto al del adulto
El uso de la coerción, el control (muy diferente a proveerles de límites educativos sanos), la violencia, el rechazo y el miedo. Considerarlos por sistema como no creyentes o cristianos de segunda clase, con menos derechos o posibilidades de participación que los adultos. Algunas posibles líneas de solución: Aceptar que el abuso infantil en todas sus formas existe en las iglesias y que hay que prevenirlo y combatirlo. (entre el 15 y el 25% de niños sufren algún tipo de maltrato). No ocultar ni ignorar los casos que se han dado o que se dan (recordemos la factura que la Iglesia Católica está pagando por ello). Promover una cultura del Buen Trato. Conocer las políticas sociales al respecto y colaborar activamente con ellas, como otra expresión de nuestra obediencia a Cristo .
Formarse respecto a este tema y establecer políticas de prevención y tratamiento en las iglesias y organizaciones cristianas de infancia. Devolver el protagonismo de la atención espiritual a las familias, formando a los padres y coordinando los ministerios infantiles de la iglesia con las familias. Tener un servicio de atención pastoral y discipulado para cada niño creyente, coordinado con los padres. He tratado de realizar una breve aproximación, superficial y no demasiado precisa, a este delicado y doloroso tema. Es mi oración y deseo que sirva de humilde contribución para que el Pueblo de Dios en España tome mayor conciencia de ello. Como dicen los angloparlantes, este tema es otro “elefante en la habitación” que a menudo nadie se atreve a mencionar. Quiera Dios que el temor o la desatención no lleguen a impedir que los niños que necesitan de nuestra ayuda, muy cerca de nosotros, lleguen a recibirla, en el nombre del mismo que dijo: “lo que hicieres a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”. [i] En este sentido, destacar la reciente normativa que reclama la presentación de certificado de Penales para poder optar a una plaza laboral en trabajos con Infancia, para prevenir la presencia de maltratadores. La Administración ya lo está aplicando, así como numerosas entidades sociales. La Iglesia debería ser vanguardista en este asunto.

Sobre Arley Narvaez Cruz

El principio de la sabiduria es el temor de Jehova

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