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“La ingenuidad y falta de previsión es el primer paso hacia la caída”

“Es necesario establecer protocolos claros y contrastados en nuestras iglesias y ministerios que trabajan con infancia para prevenir”, expresa Jaume Llenas, secretario general de la Alianza Evangélica Española.
Jaume Llenas se despide de su larga trayectoria al frente de la Alianza Evangélica Española dejando el foco de la entidad centrado en los niños y en las familias. No en vano, el próximo mes de noviembre tendrá lugar el primer congreso sobre la infancia y la familia (Min’19). Desde Protestante Digital no hemos querido dejar pasar la oportunidad de comentar algunas de las cuestiones más importantes que se han dado en este ámbito durante estas últimas dos décadas, la transformación que han vivido las familias y los retos que tiene el pueblo evangélico por delante en este ámbito. Pregunta. ¿Por qué es necesario poner el foco en la infancia? Respuesta. Las iglesias deberían dar la prioridad que Jesús daba a los niños. Aquellos que socialmente no tenían ningún prestigio fueron colocados en el centro y, de hecho, creo que no nos damos cuenta de lo estratégico que es poner los niños en el centro. P. ¿Estamos fallando como iglesia en dar esa prioridad a los niños? R. Debemos reconocer que tratamos a los niños como una molestia. Es decir, durante nuestros cultos esperamos que se entretengan con algo y que guarden silencio. De hecho, los niños son un colectivo del que los pastores no se ocupan personalmente. Los pastores no se ocupan de toda la congregación, sólo de una parte. Delegamos en otras personas el ministerio de los niños, delegamos en personas bienintencionadas pero muchas veces no bien formadas, delegamos en campamentos o en otras organizaciones, y ahí estamos fallando, porque nos ocupamos de ellos cuándo ya es demasiado tarde, cuándo llegan a la adolescencia y a la juventud, y a veces a esa edad ya los hemos perdido. Los jóvenes que perdemos hoy son por el trabajo que no hicimos hace 10 o 15 años , y por lo tanto eso ya no tiene remedio, pero podemos reparar hoy el problema que tendremos dentro de 15 años. La escuela dominical fue un puntazo en su día, nacida en una época en la cuál nadie se ocupaba de la educación de los niños, donde no eran importantes, pero en la iglesia tenía una “escuela dominical”. Sin embargo, hoy en día podemos decir que en las iglesias los niños reciben menos atención que la que reciben en el resto de la sociedad. Por lo tanto, si no recuperamos esto, nos vamos a encontrar que vamos a perder muchos jóvenes. P. ¿Y qué papel debe desempeñar la iglesia en la formación de los niños? R. Capacitar a los padres para que sean los agentes activos en la formación espiritual de sus hijos, ese es el otro gran reto. La iglesia no tiene que dar la formación espiritual de los niños, no tiene ese llamado, según la Biblia, ese llamado es para los padres, para las familias. Nadie tiene un entorno como el que tiene la familia para dar esa formación espiritual, un ambiente afectivo y, en general, emocionalmente saludable. La iglesia nunca dispondrá ni de ese entorno ni el tiempo. Lo que los padres no hagan en siete días de formación espiritual, la iglesia no lo hará en dos horas. La iglesia tiene la labor de capacitar a los padres para que sepan como trabajar con sus hijos en el terreno de lo espiritual. Es donde se va a jugar el futuro, en estas dos cuestiones: priorizar a la infancia y capacitar a los padres.
De hecho, la formación a menores dentro de las instituciones religiosas ha sufrido grandes terremotos debido a los terribles casos de abusos que están saliendo a la luz desde hace ya varios años. ¿Estamos preparados para identificar y tratar una eventual situación de abuso de menores en nuestras iglesias? R. No estamos revisando ni con la profundidad ni con la velocidad que deberíamos esta cuestión, es necesario que nos impliquemos más. Es necesario establecer protocolos claros y contrastados en nuestras iglesias y ministerios que trabajan con infancia para prevenir la aparición de estos casos. En cada iglesia se debe saber quién va a dar las clases con los niños en las escuelas dominicales, qué medidas de protección se van a tomar, qué requisitos se van a exigir, o cómo vamos a aseguramos que esos requisitos se cumplen. Lo peor que podemos hacer es pensar que esto no nos puede pasar, esta ingenuidad, esta falta de previsión es el paso previo a la caída. P. ¿Y qué deberíamos hacer si, a pesar de todo, ocurre? R. Hemos de entender que podemos sufrir esta desgracia. Sabiendo que hay una iglesia real y una visible que no siempre se corresponden, es decir, no todo el que va a una iglesia es cristiano y esta diferencia es difícil de distinguir. Incluso habiendo tomado las medidas correctas y siendo muy estrictos, estas cosas a veces pueden suceder. La cuestión es cómo lo gestionaremos, y esto debe pasar por ser muy claros y transparentes, ninguna connivencia ni ocultación de los hechos, siempre al lado de la víctima y más tratándose de menores de edad. Hemos de tener en cuenta que a veces han sido víctimas de alguna persona con autoridad espiritual para el niño, y el menor no se atreve a denunciar porque para él es una persona con criterio, de manera que el niño es doblemente engañado. ¿Qué hacemos? ¿Ocultarlo? No, debemos ponernos del lado del menor, se debe conocer y revisar los protocolos para que no vuelva a pasar. Si es que ocurre, se debe tener una propuesta de defensa del menor y no pretender defender el prestigio de la institución, que, por otra parte, sólo se defiende siendo transparente.

Sobre Arley Narvaez Cruz

El principio de la sabiduria es el temor de Jehova

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